16.4.11 4:39 p.m.

La derrota anticipada que preocupa a los intereses anti-nacionales



 Mientras el colectivo denominado “oposición” se deshilacha en retiradas, fraudes y papelones, sus escribas más atentos intentan volver a poner el foco en el enemigo común, mediante esfuerzos propios del que reconoce la derrota anticipada. Aunque Carlos M. Rey-mundo Roberts se sienta poseedor de la más fina ironía y conocedor del ideal kirchnerista demuestra en la tribuna de doctrina La Nación, con su artículo “Entérense: empezó la revolución”, que las plumas más consentidas de la derecha (y la derecha) están reconociendo su inevitable fracaso en la batalla cultural. Lo declaman, lo afirman, y empiezan a sentir el cosquilleo y la incomodidad propia de quienes estuvieron durante décadas amparados por el calorcito del neoliberalismo y ahora tan solo pueden ocupar un rincón en el arco defensivo en donde se refugian los últimos dinosaurios. Mientras tanto, la tan ansiada restauración conservadora, tiene cada vez menos aire y posibilidades reales de restablecimiento. En su artículo, Roberts señala un supuesto “giro revolucionario” a partir del decreto presidencial en donde el estado que es dueño de un porcentaje de las acciones en determinadas empresas, pueda hacer uso de sus facultades directivas. Se elimina el tope del 5% establecido hasta entonces, y se garantiza la representación completa sobre el total de sus acciones heredadas. Aunque CMRR intente mofarse de la decisión administrativa, incurre en un tipo de sincericidio retórico propio de los defensores desesperados del establishment: ese supuesto “giro revolucionario” es el verdadero temor de la derecha reaccionaria desde los tiempos en los que NK pisaba Las Naciones Unidas con la consigna “somos hijos de las abuelas y las madres de plaza de mayo”. No les bastó el NO al ALCA, la ley de medios, el matrimonio igualitario, el fondo del bicentenario y la política de desendeudamiento, la asignación universal por hijo, los cientos de miles de viviendas y todas las leyes tendientes a reparar la desigualdad ciudadana heredada del neoliberalismo para comprender que la revolución comenzó mucho antes. Esta medida funciona como colmo, como gota que les rebasa el vaso de la tolerancia emocional para asimilar el camino hacia la derrota inevitable: la del campo cultural. Para los que discurren por la vida agazapados, agachados y genuflexos, la dinámica de la transformación que más les preocupa es la de las empresas monopólicas y oligopólicas. Estas son la última defensa ante el desborde de los intereses mayoritarios, que han sabido contener mediante la tutela irrestricta de los intereses anti-nacionales cada vez que tuvieron oportunidad, luego de las derrotas en las tres últimas elecciones provinciales. Ahora se muestran sorprendidos porque leyeron “El flaco” de JP Feinmann que se agota en las librerías como pan caliente en medio del frío hundimiento del arco opositor, y comprendieron muy bien que ya perdieron: solo les queda apelar a descalificaciones de último momento, miedos expuestos de un mar de dudas ante un futuro tangible y concreto: el triunfo revolucionario de un modelo inclusivo, democrático y plural que se perpetúa a instancias de un pueblo que vuelve a ser el verdadero protagonista como en el ‘45 , y no el de un puñado de empresas y corporaciones multinacionales, mal que le pese a CMMR y al resto de las plumas cansadas de “La Ración” y “ClarinMiente”.

10.4.11 2:40 p.m.

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