15.6.11 4:42 a.m.

Hay Clarín, CLarín...que cipayo Vende PAtria que sos!!!

Muchas veces el lenguaje y el idioma ayudan a identificar posturas ideológicas...como en este caso....
Hay Clarín, Clarín...Si el tipo nació en puerto Argentino, Islas Malvinas es Argentino, no Kelper...se entiende, Clarín? Los Kelper, y las Faulklands son formas de nombrar a los isleños en lenguaje CIPAYO!!!
Poné la noticia como quieras, pero no es kelper...se entiende?

La noticia DEBE decir: le dieron un DNI Argentino, a un Argentino, nacido en Islas Malvinas...y listo...tan difícil es?

12.6.11 5:02 p.m.

Daniel Cechini en Miradas al Sur - Periodismo independiente o periodismo comprometido

Fue una semana en la que el casi inexistente debate político-electoral quedó desplazado por otro cuyo profundo contenido político, ideológico y ético circuló, en la mayoría de los casos, por debajo de la discusión sobre el sentido y los alcances de una práctica social: la del periodista.
El cronista, con treinta años en el oficio, no recuerda otra primera semana de junio en la que se haya meneado tanto el tema. Las opiniones más difundidas, claro, fueron las que tuvieron espacio en las páginas y las pantallas de los medios (cada vez menos) hegemónicos. Desde allí, los más conspicuos representantes del “periodismo independiente” se despacharon a gusto para, por un lado, justificar en espejo (justificarse unos a otros, entre colegas para reforzar su propia autoridad) su función de amanuenses del establishment y, por el otro, para insistir en el planteo de una contradicción inexistente: la que supuestamente contrapone al “periodismo militante” con el “periodismo independiente” que declaman practicar. El primero como degradación tendenciosa de un noble oficio; el segundo, como su expresión más sublime y valiente.
Tal vez sea necesario decirlo una vez más: no hay periodistas militantes; en todo caso, hay militantes que ejercen el periodismo. De la misma manera, no existen los periodistas independientes: todos y cada uno trabajan(trabajamos) en y para medios que –como empresas periodísticas o como herramientas de determinados intereses económicos y políticos– definen una línea editorial; otros son empresarios de sí mismos y, como tales, defienden sus intereses o los de quienes sostienen, publicidad mediante, a sus empresas personales.
Todos –los señalados como “militantes” y los autoproclamados como “independientes”– son (somos), en cambio, periodistas comprometidos. Comprometidos con diferentes intereses. La diferencia de fondo radica en otro lugar: el de la enunciación o no de esos intereses.
El autodenominado “periodismo independiente” jamás lo enuncia o, peor aún, disfraza su discurso de información pura y dura, y sostiene que los únicos compromisos que tiene son con la verdad y con el lector.
En realidad, se trata de una maniobra de ocultamiento. Desde esa ética falaz, entonces, el “periodismo independiente” se hace opositor para defender la verdad frente a la prepotencia del poder. Y, en su discurso de estos tiempos, identifica al Gobierno con el poder. No dice, en cambio –jamás lo blanqueará–, que responde a otro poder u otros poderes mucho más prolongados y persistentes que cualquier gobierno: el de los grupos económicos más concentrados de la Argentina. El Poder para el que siempre ha trabajado y al que ha defendido siempre. Ese poder, del que son parte los dueños de los medios (cada vez menos) hegemónicos, y a cuyo servicio –pero sin confesar nunca que lo hacían en su nombre– han promovido y sostenido periodísticamente los proyectos económicos más nefastos y las dictaduras más sangrientas.
En defensa de ese Poder esta semana –la semana del periodista– no han vacilado en utilizar declaraciones de Estela de Carlotto para atacar a Hebe de Bonafini y, a través de ella, al Gobierno. Así, la presidenta de Abuelas volvió a las tapas de Clarín y La Nación. Las mismas tapas que desde hace años la ignoran cuando reclama que devuelvan a los nietos. También sacaron de contexto los dichos de Taty Almeida, una Madre de Plaza de Mayo a la que tienen la costumbre de ignorar olímpicamente.
Basta repasar los archivos para comprobar que los medios y los periodistas “independientes” que hoy manipulan impunemente a Madres y Abuelas para tirarle por elevación al Gobierno son los mismos que silenciaron la existencia de 30.000 desaparecidos –entre ellos no pocos periodistas que trabajaban en esos medios–, montaron operaciones de inteligencia para favorecer el plan sistemático de represión ilegal y fueron propagandistas del vaciamiento del Estado y la destrucción de la economía perpetrados por el menemato y sus secuelas. También aplaudieron los indultos. Realmente vale la pena revisar los archivos: los medios y los nombres son, casi todos, los mismos: los “independientes”.
Hoy lo hacen porque se resisten a devolver los beneficios obtenidos ilegalmente a cambio de sus servicios al Poder, ya se trate de la empresa apropiada que les permite tener el monopolio de la producción del papel de diario –una dictadura que aplasta la libertad de informar y de opinar–, o de la identidad de dos hijos de desaparecidos, también apropiados irregularmente, que fueron y son utilizados para consolidar la propiedad y el manejo de una empresa.
Con todo eso está comprometido –y no lo dice– el autoproclamado “periodismo independiente”.
Como contrapartida, hay otra manera de practicar el periodismo. El de los medios y los periodistas que no ocultan su compromiso, que enuncian –que no ocultan– desde dónde y para qué escriben; que no se disfrazan de “independientes”.
Miradas al Sur es uno de esos medios comprometidos. Y desde el primer número, hace ya tres años, sus lectores saben en qué consiste ese compromiso.
























5.6.11 10:03 a.m.

Quién es Gonzalez Fraga? por horacio Verbitsky en P12

La meada del economista

Por Horacio Verbitsky
Con Alfonsín se ha producido un fenómeno curioso. A partir de la muerte de su padre se convirtió en una personalidad pública familiar. Todos conocen su rostro y muchos su voz, pero nadie sabe nada de él, con excepción de la militancia radical. Pero aún allí es un recién llegado, cuya primera candidatura a un cargo electivo bonaerense ocurrió en 1999, cuando ya tenía 48 años. Esto potencia el valor de su candidato a vicepresidente como indicador del posible rumbo de su hipotético gobierno. González Fraga sabe siempre todo de todo y se lo explica con entusiasmo a quienes toman las decisiones. Esto genera admiración, recelos y cortocircuitos. Pero, ¿qué significa en verdad como proyecto económico-social, la opción por González Fraga? Los radicales creen que actuaría como un reaseguro ante aquella porción del electorado que no olvida el abrupto final del gobierno del padre de la democracia. Es cierto que aquella experiencia terminó antes de tiempo en medio de una hiperinflación apocalíptica. Pero González Fraga no parece el mejor antídoto, dado que Jorge Born lo sindicó como responsable de la segunda hiperinflación de 1989/90, cuando fue presidente del Banco Central y principal asesor del ministro de Economía Antonio Erman González. La historia de su llegada al Banco Central es significativa: “Este economista me meó cuando lo tuve en brazos”, le dijo Jorge Antonio a Carlos Menem al presentárselo. El enfermero Antonio fue colaborador del médico Marcial González, cuya esposa le enseñaba matemáticas. Eran los padres de Javier González Fraga. Apoyaron aquella designación el más próximo amigo de González Fraga, Eduardo Amadeo, a quien Duhalde había entregado la presidencia del Banco de la Provincia de Buenos Aires, y el banquero siempre oficialista Raúl Juan Pedro Moneta. La solicitud de Moneta incluyó también la designación como director en la autoridad monetaria del abogado Alberto Petracchi. En cuanto González Fraga y Petracchi se hicieron cargo, el Banco Central disolvió su Centro de Estudios Penales, creado por el penalista David Baigún, entre cuyas finalidades estaba “la realización de investigaciones empíricas sobre los delitos financieros [y] la sincronización de las tareas de prevención delictiva”. El diario Financial Times reveló que Alberto Petracchi era abogado en la causa del Banco del Oeste, de la familia Guelar, en contra del Central que pasó a dirigir. La jueza federal María Servini, investigó por lavado de dinero a Gaith Pharaon cuando el fiscal estadounidense del distrito de Columbia dijo que el BCCI reciclaba dinero de vendedores e importadores de drogas. En la causa argentina aparece González Fraga (cuya consultora GF Macroeconomía asesoró a Pharaon en cuatro proyectos de inversión con capitalización de deuda externa, según el régimen instituido por el padre de su compañero de fórmula). El ahora candidato ha explicado que entonces no pesaba ninguna acusación contra el magnate saudí, que era un banquero exitoso en Estados Unidos. Es cierto, pero la sombra de Pharaon persigue a JFG como si fuera la propia. Acaso porque durante su gestión frente al Banco Central modificó la normativa que se aplicaba para el control del lavado de dinero, y lo defendió con argumentos audaces. JGF dice que no se arrepiente de la desregulación del mercado financiero, la eliminación del control de cambios y la apertura de cuentas en dólares que propició, porque sirvieron para atraer capitales y generar confianza hacia el sistema financiero, aunque admite que “también tuvieron su costo. Lo que antes se hacía en las casas de cambios, empezó a hacerse también en cualquier banco”, dijo hace diez años. Según González Fraga, “si José Luis Manzano trajo 400 millones de dólares para comprar cable, no tiene por qué ser acusado de lavar dinero. Porque, posiblemente, el origen de esos fondos no sea la droga. Simplemente, él tenía ese depósito en el exterior y luego ingresó el dinero al país. Eso no es lavado. Lavado es la transformación de billetes de baja denominación en una cuenta corriente de un banco, donde hay un cajero que acepta como depósito una valija llena”.

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