Es un film con claroscuros. Podría llamarse también "la deshumanización en la modernidad" o sencillamente "el claroscuro en las empresas multinacionales". Con un tratamiento particular de la iluminación (en donde se oscurece deliberada y repentinamente las escenas), el film retrata la historia de un empleado de recursos humanos en una empresa petroquímica a quien se le encarga investigar al CEO de la empresa para verificar su estado de salud mental que se sospecha se ha deteriorado. No se puede seguir el relato de manera cronológica, como advierte desde un principio el mismo protagonista. Tampoco ceñirse a la historia, que dicho sea de paso, no tiene mayor suspenso o intriga. La reflexión subyace en cada escena, en los rostros arquetípicos de los personajes. La deshumanización está implícita en la tarea del protagonista en la reestructuración (despidos) y en el descubrimiento de un pasado ligado al nazismo del CEO de su empresa. El film pierde por su extensión (dos horas y media). Gana por retratar en detalle la pérdida a la que se somete la misma humanidad en el siglo XX: precisamente va perdiendo seres humanos y el lenguaje se convierte en "tecnicismos". Tres r - (®®®/5)<---tres sobre cinco