Aulla por vos el viento que solía despertarte
en las madrugadas cálidas del departamento.
Traspira, respira y huye en remolinos al comprobar tu ausencia
en la fragilidad del atardeceder de los días.

Y aunque encuentra al sordo silencio
acodado en tu lugar del sillón de siempre,
rompe en llanto y ya no sopla
confundiéndote a cada paso con un recuerdo.