La relación que tenemos con nuestro cuerpo y con el de los demás varía de acuerdo a los procesos históricos y a formas de comportamiento legitimadas por el grupo social de pertenencia.
En los ámbitos urbanos de comienzos del siglo XXI, el otro ser humano es un extraño hasta que se demuestre lo contrario. La pandemia de la gripe "A" incorpora un nuevo elemento, desconocido desde los tiempos de la fiebre amarilla: el acercamiento de otro ser humano es peligroso. Hasta el estornudo está prohibido, cuestión impensable hasta hace unos meses. Si a la sensación de inseguridad y al encierro obligado le añadimos los elementos inherentes a los tiempos que corren (ritmo veloz de vida, "fast food" comunicacional) tenemos un verdadero cóctel explosivo, algo así como una alienación de nuevo tipo que a diferencia del dengue, la tuberculosis o el mal de chagas, afecta a todas las clases sociales por igual.

Una de las preguntas que podríamos formular sería la siguiente: ¿Cómo altera nuestros hábitos cotidianos la gripe "A"? Imaginemos por ejemplo la implicancia que tuvo la aparición del SIDA en las costumbres y modos de relación sexual. ¿En adolescentes y adultos, el contagio del H1n1 podría eventualmente limitar la frecuencia de las relaciones sexuales casuales?.

Junto a los preservativos, el nuevo símbolo de consumo profiláctico es el frasquito de alcohol en gel y el barbijo. Cuál será el sedimento o los cambios que se producirán en las relaciones sociales a partir de ahora...

MODA de los tiempos del amor en gel...