Al momento de la redacción de estas líneas, una cuarta persona acaba de perder la vida en torno a un conflicto por la ocupación en la ciudad de Buenos Aires de un parque público en Villa Soldati.

Aunque la toma fue provocada en torno a una falsa promesa de la legalización de la tenencia de lotes en el parque indoamericano, y fogoneada por gente ligada al PRO, la necesidad imperiosa de una vivienda digna para esas familias que se mantuvieron en el lugar aún a riesgo de perder sus vidas es casi una obviedad.

En apariencia, habría dos bandos en pugna que se disputan el espacio urbano de un modo descarnado, ante la total inacción de los organismos competentes del gobierno de la ciudad. El primer grupo denominado "okupa" por la prensa, es el que pertenece a la "ciudad informal" que estaría integrado por los sin techo, los inmigrantes sin vivienda, los que no tienen voz, los que solo pueden hacerse visibles mediante acciones colectivas. Del otro lado, la ciudad "formal" de los individuos indignados, de los que "pagan sus impuestos", de los que están cansados de pagar un alquiler mientras a los primeros les "regalan todo”, a los quienes los asiste el derecho al uso del espacio público en cuestión.   

Los dos bandos son en realidad un solo bando. Porque los conflictos más graves se producen y generalizan porque los que se enfrentan tienen precisamente más en común de lo que se manifiesta: todos son víctimas del laisser faire (dejar hacer) Macrista, esto es, el mercado inmobiliario que se autoregula y la inacción consciente en materia de asistencia social a indigentes y sin techo. De fondo, en el núcleo del problema, está la política habitacional y social de Macri que consiste en no hacer nada (81 viviendas en un año son por demás elocuentes, al igual que el funcionamiento de la patota de la UCEP). Esta política del no hacer nada se sustenta en el convencimiento profundo e ideológico de que existen diferentes categorías de ciudadanos, y que NO todos los habitantes de la Ciudad autónoma de Buenos Aires son precisamente CIUDADANOS.  

Una punta para desenredar el ovillo de confusión y representaciones discriminatorias, la dio un testimonio recogido por Fernando Alonso, periodista de canal 9: “los vecinos anti-toma estaban en la misma situación que los ocupantes del predio 10 años atrás”. Esto es: diferenciándose del otro se construye la propia identidad.

La construcción del “otro social” es el chivo espiatorio que se encuentra desde la derecha más retrógada para magnificar diferencias que no son tales en la práctica. El otro social es el indocumentado, el malviviente, el extranjero. Y esa construcción es fomentada desde el gobierno de la ciudad, en particular por los dichos públicos de su autoridad máxima, MAURICIO MACRI, edificando otros sociales a quienes echarle la culpa de los robos, delincuencia e inseguridad ciudadana. El fomento de esta representación social estigmatizante y estigmatizadora va generando sin ningún lugar a dudas ese caldo de cultivo necesario para legitimar acciones anti-toma con las consecuencias que todos conocemos.