Estamos despidiendo a Nestor, en Alem y Córdoba. Parece un mal sueño, estar despidiéndolo. Es real. Venimos cantando, eso da fuerza. Vengo detrás del féretro en caravana. ¿El féretro? No puedo creer estar diciendo y escribiendo la palabra FERETRO, ¡que feo suena!. Un desconocido mira la caravana desconsolado. De pronto, nos abrazamos. Pero no es un abrazo más. No es solamente un abrazo entre dos desconocidos. Entre los gritos, el llanto y la emoción, decidimos abrazarnos sin conocernos, sin intercambiar palabra. No somos San Martín y Bolivar, ni el che y Fidel. No somos nadie. Y somos todos. Somos pueblo. Pueblo que se abraza. Y Nestor vive en nosotros, por eso nos abrazamos. No nos conocemos, pero nos conocemos. No nos vimos, ni nos volveremos a ver. Y eso que mi vieja de chiquito me enseñó a no hablarle a los desconocidos… ¿Un abrazo metafórico? No. Es bien real. De metáfora nada, de emoción todo. Como el abrazo de dos hermanos que pierden al padre. Como un abrazo de todo el pueblo con Cristina, de todos nosotros entre nosotros. Como una orgía de abrazos. Y ahí comprendí todo. No importa si hay miles o cientos de miles o millones. Lo mismo da.  No es una cuestión numérica. Es cuestión del abrazo. Un abrazo negado por décadas. El abrazo del pueblo con el pueblo. EL abrazo de Cristina con el pueblo. Por fin tenemos conciencia del ser nacional. Esto es el ser nacional. Estamos dolidos, pero nos abrazamos. Estamos de luto, pero nos permitimos cantar. Estamos tristes, pero a la vez esperanzados. Gracias Nestor, por permitirnos vivir esto. Gracias Nestor por permitir que el pueblo se abrace otra vez. Gracias Eternauta que tu obra y tu muerte no serán en vano y perdurarán por siempre. La continuamos todos nosotros de la mano y abrazados. Un Scrum como en el rugby de todo el pueblo. Y es inexpugnable el pueblo, cuando se abraza.