La cumbre de presidentes de Unasur convocada y realizada en la medianoche del mismo día en el que el presidente de Ecuador Rafael Correa era secuestrado por policías en un claro intento de golpe de estado, ha revelado la transición y el pasaje hacia nuevos fenómenos de solidaridad orgánica democrática en el contexto latinoamericano. No son solamente los gobiernos o los presidentes los que son solidarios con el presidente Correa. Esos lazos de adhesión o de respaldo no son simplemente actos de conveniencia política. Son los pueblos, la gente, la calle los que expresan esa solidaridad, a partir de un sentimiento común de pertenencia a un colectivo latinoamericano. Así como nunca los presidentes de Sudamérica se parecieron tanto a sus pueblos, los pueblos de Sudamérica nunca se parecieron tanto a Sudamérica como ahora. Uno de los nuevos fenómenos observables tiene que ver con la división del trabajo al interior del organismo de cohesión sudamericana: UNASUR
La insulsa OEA ha demostrado tener un tipo ilusorio de solidaridad mecánica con los países miembros, lo que la coloca en una situación de atraso con respecto a los nuevos organismos de asociación y cooperación supranacionales que surgieron en los últimos años en la región cuyas resoluciones son de tipo orgánica y consensuada.
En su célebre libro “la división del trabajo social”, Emile Durkheim revela a partir del estudio del derecho, el pasaje de la organización social “primitiva”, cuya solidaridad o lazos de cohesión son de tipo “mecánicos” basados en el derecho “represivo” a una sociedad basada en la división del trabajo, de tipo orgánico fundamentada en el derecho restitutivo. Confieso que las analogías biologicistas del autor nunca fueron de mi agrado, pero creo que en este caso es pertinente.
En este caso, UNASUR en tanto organismo ha demostrado su consolidación a partir de los anticuerpos contra la canalla golpista en Bolivia y Ecuador y desarrollado una interesante división del trabajo contra las formas anormales de vida en democracia: Perú cerró sus fronteras, Bolivia convocó a la reunión urgente, Argentina fue el anfitrión de la reunión, etc. Pero lo más importante es que los pueblos salieron a las calles como si se tratara de un fenómeno local, de intensidad suficiente como para convocar manifestaciones de cientos de miles de personas. Resultado: Este organismo sudamericano goza de buena salud, al igual que el presidente Rafael Correa. La intentona golpista fue aplastada y sus hacedores serán juzgados.
A propósito de este juzgamiento, escribe Durkheim en el mismo texto ya citado que un delito contra el gobierno o el estado (que es el tipo colectivo encarnado)…”registra como crímenes actos que lo hieren sin herir en el mismo grado, sin embargo, los sentimientos colectivos: “Un acto es criminal cuando ofende los estados fuertes y definidos de la conciencia colectiva (…) no hay que decir que un acto hiere la conciencia común porque es criminal, sino que es criminal porque hiere la conciencia común. (…)EL crimen no es solo la lesión de intereses, incluso graves: es una ofensa contra una autoridad de alguna manera trascendente. Ahora bien, experimentalmente, no existe fuerza moral superior al individuo, salvo la fuerza colectiva.”