Lejos de querer instaurarnos como tribunal del bien y del mal (cómo parece querer hacer el periodista Santiago O´Donnell), nos interesa comentar su nota en Página 12 del domingo 10 de marzo titulada “No estuvo bien”.

En la nota se critica el manejo que desde el poder se le dio a la muerte de Chávez y una serie de “ocultamientos” que supuestamente los seguidores del comandante no se merecen.

Hay varias maneras de enfocar el problema.

La primera, es la relación de la verdad fáctica (los hechos) con la realidad política y social. En este sentido, muchas de las afirmaciones realizadas por el periodista parecieran tener una importancia esencial, como por ejemplo la carencia de información acerca del tratamiento médico al que estaba siendo sometido Hugo Chávez durante su estadía en Cuba, cuestión que al menos podemos poner en duda.

Supongamos que esta afirmación sea verdadera, la pregunta subyacente es: ¿En qué modificaría la realidad política, económica o democrática la información pormenorizada del estado de salud cotidiano de Chávez?  ¿Era el estado de debilidad extrema producto de su enfermedad un impedimento para ser candidato y revalidar el apoyo del pueblo a la revolución bolivariana? Teniendo en cuenta que hubo partes médicos en momentos clave de su enfermedad: ¿Cuáles serían los aspectos relacionados con la información que modificarían el escenario?¿Y si se modificara el escenario, en qué sentido se modificaría?.Nos preguntamos… ¿Por qué está tan seguro O´Donell que estas supuestas manipulaciones del estado de salud de Chávez irían en detrimento de la fortaleza de una eventual presidencia de Maduro?

Un segundo enfoque posible es el de la verdad en abstracto, es decir la relación de la verdad, “verdadita”, como dicen los venezolanos, omitiendo que cada verdad es parcial e interesada. No hay UNA VERDAD. Entonces las afirmaciones cómo “fracaso económico”,”criminalidad record”,” la corrupción”, etc, También pueden ser puestas en duda, tanto cómo una supuesta inoculación del cáncer.
El problema de algunos intelectuales o periodistas es que ponen en duda las “verdades” que no le sirven a sus argumentos y dan por ciertas “otras”, que casualmente son sostenidas por lo más rancio de la derecha mundial. Esto pone en evidencia también su falta de objetividad.Nos preguntamos... y la quincena de elecciones que se realizaron en Venezuela? Y las 14 ganadas? no significan nada?

Un tercer enfoque es la dicotomía intelectual orgánico/díscolo desde dónde algunos intentan despegarse. Es cierto que la voz de Santiago O´Donell en Página 12 quedó disonante. Podríamos decir a priori que no hay nada de malo en ello. Sin embargo, el autor de la nota pareciera querer alertarnos sobre la debilidad subyacente que “a la larga” padecería un eventual gobierno de Maduro, dando por hecho una eventual victoria del candidato. Para poder “progresar”, nos dice Santiago, es necesario leer la constitución como la leería Capriles, y no cómo la lee el tribunal encargado de interpretarla. Queriendo encarnar la figura de un periodista “independiente”, Santiago O’Donell se hace eco una por una de las afirmaciones de los enemigos de la revolución bolivariana. De periodismo independiente, nada.
Así las cosas. Recordemos el golpe de estado perpetrado en Venezuela en 2002 en contra del estado bolivariano, reproducido en otro post. De este golpe de estado no se acuerda el periodista. Tampoco recuerda el caracazo.

Simplificando, las afirmaciones de O’Donnell nos llevan a pensar en que la revolución bolivariana no es más que un gobierno dictatorial, manipulador, ocultador, mentiroso, golpista, engañador, anticonstitucional y patotero. Venezuela y en particular Hugo Chávez han sido en todo el siglo XXI el blanco predilecto de las derechas mundiales mediante mentiras, verdades a medias y manipulaciones: casualmente lo que O’Donnell critica del manejo del poder Chavista . Lo vertido en esa nota no hace más que tratar de contrastar con viejos argumentos de la derecha, lo nuevo después del fracaso neoliberal, lo irrebatible: la vigencia de la revolución del siglo XXI, su arraigo en el pueblo, su inevitable continuidad. Esto hace saltar "la chaveta" a quienes en nombre de la verdad, parecen tener mayor interés en la derrota popular en nombre de la neutralidad valorativa.

Para hacer todavía más afín a las derechas pro estadounidenses, la nota está ilustrada con la foto del presidente Mahmud Ahmadineyad, cómo para mostrar el grado de empatía con el régimen iraní.

El pueblo venezolano será en definitiva el verdadero guardián de las necesarias e inevitables transformaciones, al igual que el resto de los pueblos involucrados en los proyectos revolucionarios, populares y nacionales que brotan por doquier en las conciencias de Latinoamérica. Por eso la bandera de la Tupac flameaba en el recinto de la jura de Maduro como presidente encargado. Hay una continuidad. Perón, Kirchner, Bolivar y Chávez¿y porqué no también en Evita, TUPAC AMARU y  el Che?.

Personalmente he leído el libro “Argenleaks” además de las habituales noticias en página 12, y tenía una opinión positiva del periodista. Sin embargo, luego de leer esta nota tengo ganas de decirle de frente: -no estuviste bien, Santiago O’Donnell.