Bonald

Estaba leyendo este artículo  que el director de Poliarquía, Eduardo  Fidanza  escribió en la columna de opinión de “La Nación”
El argumento principal del artículo  se podría resumir así:
La guerra perpetua de las elites dirigentes en la Argentina configura el espacio político. El resto de la sociedad asiste pasivamente a una lucha que no es suya y se confunde. El dato paradojal es que  no hay violencia de los unos con los otros, aunque el gobierno de los Kirchner sea el principal promotor de la intolerancia. Los modos de enfrentamiento se resumen en antinomias gobierno-medios, oficialismo-oposición, sociedad rural-gobierno.
Primer comentario: hasta aquí, no aparece una disputa entre elites sino entre el gobierno y una elite, claramente representada en ocasiones por la  oposición conservadora a la que pertenece el director de la consultora .
La naturaleza del enfrentamiento tiene que ver con la disputa por el poder económico y simbólico. Lo novedoso del asunto es que en lugar de tratarse de un debate democrático en torno al reparto  equitativo del poder y la influencia, en este caso, la modalidad de la contienda hegemónica genera conflictos.
Segundo comentario:¿Cómo tocar intereses sin provocar conflictos? Eso no es posible en un contexto de cambio y transformación. El conflicto es inherente al capitalismo, y eso Fidanza, en tanto sociólogo, no puede desconocer. Lo paradojal es que una sociedad sin conflictos existe solamente en los sueños de los seguidores devotos de Bonald y De Maistre, pensadores conservadores que veían en la revolución francesa al germen de todos los males.
El Matrimonio Kirchner gobierna en un contexto mundial anómico, lo que le proporciona un amplio margen para la transgresión y la irresponsabilidad. Debe observarse, que los Kirchner luchan por la hegemonía con herramientas desconcertantes: retórica popular, algunas políticas progresistas, cierto cuidado de las cuentas fiscales, desinterés republicano, transparencia electoral, manejo discrecional de recursos, planes sociales, concentración de las decisiones y astucia.
Tercer comentario: A Fidanza le resultan desconcertantes las políticas progresistas como la asignación universal por hijo, porque no encajan en su razonamiento. Si el interés último de la elite gobernante es la de acumular poder y hegemonía, no necesita impulsarlas.. Es decir, si su batalla fuera únicamente por el poder en el marco de una disputa hegemónica, el desconcierto de Fidanza es comprensible.
Los Kirchner apuestan a retener y aumentar el poder mediante el ardid de una economía desbocada y contradictoria, con salarios altos, empleo, avances sobre la sociedad privada.
Paralelamente reescriben la historia, politizan los derechos humanos, capturan voluntades.
Cuarto comentario: Aquí  un elemento nuevo en el razonamiento. Las concesiones al pueblo derivan de la lucha por la hegemonía. Salarios altos, empleo, la historia, los derechos humanos…parece sensato apoyarlos, me estoy convenciendo a hacerlo más fuertemente, con mayor énfasis. ¿Estaremos ante la revolución justicialista, más que ante la lucha hegemónica?
Y  a mi juicio, aquí viene el desatino mayor, la ironía más burda, aunque el artículo continúa, hay que hacer renglón aparte aquí:
Guardando las distancias, este debate recuerda al que provocó por años la Revolución Cubana: ¿la justicia social justifica lo abusos o los abusos invalidan la justicia social? En nuestro caso ni siquiera podemos saberlo: la falsificación de las estadísticas rompió el patrón para determinar si se reparte mejor la riqueza.
A ver si leí bien y es mi quinto comentario: estamos ante debates propios de la revolución cubana, pero no lo podemos corroborar fehacientemente porque se manipulan las estadísticas del INDEC y el reparto de la riqueza no se puede medir…sencillamente brillante. Me dejó sin aliento la comparación…
Las oportunidades de nuestro país se escurren a partir de no saldar el significado de la Nación Argentina y no encontrar la piedra angular de nuestras verdades contradictorias.
Sexto comentario: A mi me parece que Fidanza ya encontró la respuesta y se hace el boludo, ya que en el párrafo anterior menciona al peronismo en los términos de John William Cooke: como el hecho maldito del país burgués. Sin embargo, aunque no haga explícito lo que está pensando lo hago yo:  ¿Cómo articula el hecho maldito con la disputa hegemónica, de modo teórico? Esa sería una buena pregunta que intenta responder en el párrafo siguiente, con un fracaso rotundo y evidente.
La sugerencia de Bourdieu es tomar como objeto de análisis las luchas por el poder, en lugar de caer en ellas, y denunciar "la representación populista del pueblo, que no engaña más que a sus autores, y la representación elitista de las elites, hecha para engañar tanto a los que pertenecen a ellas como a los que están excluidos".
Es decir, que el peronismo en su vertiente kirchnerista es una cáscara vacía. En realidad se trata de una elite gobernante con una voracidad sin límite a la que siguen una masa “engañada” arrastrada por las mejoras de una economía desbocada…Es la tesis de Gino Germani pero aggiornada a los tiempos de anomia mundial.
Vamos a tratar de salirnos de este esquema conceptual y tratar de ser medianamente justos: Si los Kirchner escucharan otras voces y fueran permeables a aceptar otras opiniones contrarias serían el gobierno ideal? ¿Encarnarían ese gobierno democrático y republicano que el director de Poliarquía anhela? Y si así fuera…podrían sancionar la ley de medios, la asignación universal por hijo, el matrimonio igualitario, etc.?Y son estrategias para aumentar la cuota de poder? ¿ O son demandas de la sociedad?
Ahora no hay migrantes internos “vírgenes” de todo sindicalismo. Ahora hay una anomia mundial que permite cometer abusos en nombre de la justicia social. Hay algo más que elites disputando hegemonía en el ambiente. Ud. mismo lo percibe muy bien señor Fidanza. ¿Y en dónde se expresa este algo más?En el bicentenario y la concurrencia pacífica de seis millones de personas, en el 26 de julio en donde la cgt y el pueblo renovaron el recuerdo vivo de Evita. Si solamente de Elites disputando espacios simbólicos se tratara, no se entiende la política de derechos humanos, que es muy costosa en términos políticos. Mucho menos se entiende la persistencia de un frente abierto con el grupo Clarín. Porque de hecho no sirven para lo que se dice en el artículo pretenden servir: para ganar adeptos y voluntades. Y si de este modo se ganara adeptos y voluntades, sería el mejor ejemplo de una política virtuosa que sabe interpretar a la mayoría, cuestión que a las elites corporativas les importa un corno, sobre todo si no son capaces de oponerse con responsabilidad democrática a los cambios y transformaciones que aún le faltan a este modelo nacional y popular conseguir.

Resumiendo: no se puede tocar intereses creados sin provocar conflictos. Absolutamente a nadie se le ocurre. Pero muchos piensan en que un gobierno es el arte de dejar todo como está o empeorarlo. Eso sí que es tan fácil como robarle el chupetín al niño: solamente hay que dejarse llevar, y eso es justamente lo que los intelectuales de la derecha conservadora no le perdonan a este gobierno con argumentos que atrasan 60 años, como mínimo, aunque citen a pensadores contemporáneos.