6.2.10

Los destinatarios del operativo desánimo: "los crispados"


Uno de los equívocos más frecuentes a la hora de evaluar un supuesto estado de crispación generalizado es "socializar" fenómenos individuales. En criollo, si tenemos 100 curas vestidos de negro en la nieve no estamos ante la presencia de la negrura sino ante 100 curas vestidos de negro en la nieve.
Con esto quiero decir que de existir algo así como "humor social", éste no puede ser reducido a fenómenos individuales observados. Esto constituye el ABC de la sociología como ciencia y uno de sus padres fundadores, el francés Emile Durkheim nos alecciona al respecto. Sin embargo, me propongo caracterizar este fenómeno denominado crispación, tratando de volver
inteligible algo que a priori parece no tener asidero con la realidad que perciben otros actores sociales.

Radiografía de "los crispados"

Es muy fácil reconocer un "crispado" en la vida cotidiana de los argentinos que viven en las grandes urbes. Un crispado, es una persona que ha desarrollado una indisimulable ira hacia el estado, el gobierno, las instituciones, empresas y organizaciones sociales. Prácticamente, la crispación se manifiesta ante cualquier demora, mala noticia u obstáculo aparente hacia los objetivos individuales. No obstante, también se manifiesta en ocasiones como epifenómeno de la fragmentación y el conflicto social. Sin embargo es a la primera de las definiciones a la que me interesa prestarle atención aquí por el momento.

El crispado asume que es una persona "informada" y como tal, debe estar al tanto de las últimas novedades. Es por eso que no puede dejar de leer el periódico más influyente o el noticiero más incisivo. Amanece siempre con las peores noticias, reforzadas en la vida cotidiana por el esfuerzo que supone el transporte hacia el lugar de trabajo o estudio. En ese trayecto, incorpora su primer chapuzón de sociedad que va a estar cargado de negatividad por definición: sea por el atasco de tránsito, por el amontonamiento del subterráneo, la demora del colectivo, lo oneroso de la ficha del taxi o los cinco minutos de espera al bajar del avión (si es en aerolíneas argentinas, recientemente estatizada, el puntito de cólera se multiplica por dos).

En el contexto laboral, el crispado transmite y hasta reelabora con detalles la construcción pergeñada en unas pocas horas por los multimedios más influyentes: la catástrofe o "mala noticia del día". De este modo, esta trasmisión y/o reelaboración lo coparticipa en el mundito de la mala onda, lo hace dueño de un rincón inexpugnable que casi siempre apunta al apocalipsis y en contadas ocasiones se permite alternar con bienaventuranza.

El "otro" social de un crispado suele ser más parecido a sí mismo que lo que toleraría reconocer, y en este punto reside uno de los núcleos duros de la crispación: no hay nada más intolerable que querer diferenciarse de un semejante, cuando éste es en un todo semejante. Este es una de las lamentables y principales causas de racismo y de intolerancia.

Los crispados no sienten pertenencia de clase, pero se asimilan a lo que Jauretche llamaba clase media tilinga y guaranga: el medio pelo.

El crispado juega perversamente con su propio malhumor y con el de los demás, ya que es incapaz de percibir un destino común esperanzador. En cuanto logra conectar con otros de algun modo en la vida cotidiana, buscará encontrár cierto placer inexplicable en la congoja común del destino incierto, de la catástrofe profetizada y consumada.

El crispado es casi siempre antipueblo y antipatria, perfil que conocen al dedillo las líneas editoriales de los monopolios mediáticos y explotan una y otra vez ensalsando los ejemplos extranjeros y minimizando o ninguneando los aciertos vernáculos.
Este es el principio fundacional del OPERATIVO DESANIMO.

Lo ejemplos clásicos de detección de un crispado se obtienen en la cola de un supermercado, en el transporte, en los trámites bancarios y en toda relación cara a cara con extraños que requieran de un intercambio mínimo de miradas y/o palabras. El crispado en realidad se detecta solo, ya que resoplará o emitirá un bufido ante el menor incoveniente que surja o perciba que podría suceder. Luego al encontrar complicidad, comenzará a emitir su diatriba incontinente e intolerante hacia la empresa u asociación de turno, aunque ultimamente se haya convertido en el blanco prncipal el gobierno nacional. Cuando un crispado no encuentra tema de conversación irá hasta pelearse con el barba, por mandar tanta lluvia, calor, frío o lo que sea.

Es bueno aclarar que los crispados no están entre nosotros desde siempre. Son un subproducto de la movilidad social ascendente del estado de bienestar, de la desesperanza de la post-modernidad y del destino incierto de la globalización. Son un producto directo del neo-liberalismo y el individualismo de los '90 y la fragmentación post-2001. Son caceroleros de la primera hora, que se enamoraron del default de Rodriguez Saa y el que se vayan todos. Cierto progresismo vernáculo coquetea con ellos mezquinamente ante cada oportunidad que le brindan los crispadores de la tv. Sin embargo, a los crispados no se les debería pagar con la misma moneda que los define: la ira. Debe ser muy duro vivir en la desazón todo el día y a toda hora. Lo único que podemos hacer por ellos es tenerles mucha compasión y tratar de no confrontar ya que cualquier intento de alterar ese universo de sentido construído al calor miles de minutos de mala onda-multimedia podría llevarnos a la desazón a nosotros mismos y nos colocaría en desigualdad de condiciones.

La construción social de la realidad debe ser vista como un terreno de lucha, pero su escenario no está ni por asomo en la confrontación individual sino en la arena política. La batalla madre de esta lucha, todavía sigue dando sus coletazos: la ley de servicios de comunicación audiovisual.

Al fin y al cabo, en ese mundito tan negro construído al calor de la desesperanza y el desánimo no nos gustaría vivir...o si?




2 comentarios:

  • mario says:
    6:22 p.m.

    Hola, llegué aquí por un comentario en el blog de Barone.
    Muy buena descripción.
    Podremos ir desactivando de a poco este estado de crispación?.
    Supongo que costará muchisimo esfuerzo por parte de muchísima gente, al no tener de este lado los medios, pero esta es una guerra en la que la mayoría silenciosa debe participar. Pero como moverlos de esa apatía a la que la sumió la TV durante años, solo ejercitando el dedo para el remoto?
    Lo principal que articuos como este tratan de aclarar las cosas y me duelen los cero comentarios de algo tan bueno.
    Como recibo muchos mails con pilas de direcciones, uno de mis aportes seria enviar de a uno a direcciones del pais tanto esta entrada como las de Barone y me gustaria que le lleguen a mucha gente y tal vez a alguien importante que esté de este lado y que aporte creatividad.
    La solución está en alguna parte, y entre todos los que pensamos con buena leche la debemos encontrar.
    Saludos

  • Chiman says:
    12:05 a.m.

    Mario: agradezco mucho tu comentario. Por mi parte ya desde la 125 le cerré la persiana a los monopolios en los diarios, revistas, y tv. Eso cambió notablemente la percepción de la realidad social mía y de mi familia. Si puedo, trato de que mis amigos y/o conocidos hagan algo parecido, y los invito a repensar la realidad fuera del prisma dominante de los medios monopólicos, para mejorar su calidad de vida y salir de eso que parece que todo está mal. Por otro lado, es bueno juntarse entre los que estamos en la misma, como vos, como yo. Los que la remamos y los que la seguiremos remando siempre.
    saludos

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