Moreno quería la verdadera revolución. Aquella en donde no solamente se cambiaban las figuritas, sino un cambio profundo de concepción del estado. Sucede que él fue el verdadero adelantado de su tiempo, y no Sarmiento como cierta historiografía nos presenta.

Al respecto escribe:
“La variación presente no debe limitarse a suplantar a los funcionarios públicos e imitar su corrupción y su indolencia. Es necesario destruir los abusos de la administración, desplegar una actividad que hasta ahora no se ha conocido, promover el remedio de los males que afligen al Estado, excitar y dirigir el espíritu público, educar al pueblo, destruir o contener a sus enemigos y dar nueva vida a las provincias. Si el gobierno huye el trabajo; si sigue las huellas de sus predecesores, conservando la alianza con la corrupción y el desorden, hará traición a las justas esperanzas del pueblo y llegará a ser indigno de los altos destinos que se han encomendado en sus manos.”