Estaba viendo a Lanata chuparle las medias a Mirta Legrand, de un modo tan asqueroso que me hizo recordar algo que me impactó mucho cuando era estudiante. Un profesor explicaba que para que exista la norma, era necesario que exista la trasgresión. Era la confirmación del lema que dice "la excepción confirma la regla" pero en clave académica. Luego de meses de leer a Foucault acepté que los desvíos refuerzan la norma, algo que me resultaba anti-intuitivo. Estaba pensando en eso cuando me preguntaba acerca de cuál era el aporte de "Almorzando a Mirta Legrand". Sus almuerzos son la reproducción incansable de estereotipos y prejuicios que no aportan absolutamente nada y en clave autoreferencial. Una parte ínfima de la sociedad consume ese pobre sentido común, reforzado hasta el cansancio, extraído de los medios de comunicación y de los dimes y diretes más insifgnificantes de la farándula. Ahora bien, me preguntaba...¿Mirta Legrand es necesaria? Quiero decir, es necesario que existan los almuerzos para que el sentido común de las elites con olor a viejo se expresen? Y parece que sí. Alguien decide ponerla al aire (De Narvaez). Alguien decide ir a su programa (Lanata) y expresarle lo magnífica que es ella y sus almuerzos...¿Además, comentar acerca de lo bien que reportea!? Después de todo, para que la emergencia de Eva Perón tuviera sentido histórico era necesario que existiese la oligarquía
negadora del verdadero ser nacional y popular. Y aparecieron los chochamus del conurbano metiendo las patas en la fuente, para horror de las señoras gordas. Mirta es la fiel expresión de esas señoras gordas de recoleta. Para ella no ha cambiado nada, la disputa es la misma. Nos preguntamos...¿A qué va Lanata ahí? ¿A caerles simpáticos a los que compran libros de autoayuda para venderles productos? ¿A seguir reforzando la tilinguería? ¿A expresar otra campana? ¿O realmente importa tres pepinos a qué fue? Me quedo con la última opción. Nos habíamos engañado con ciertos personajes televisivos (sobre todo periodistas) que supuestamente expresaban y ponían en el tapete ciertas incógnitas para desentrañarlas, cuando el gobierno y el estado de los '90 solo expresaban sus propios intereses (impopulares
y de concentración de la riqueza en pocas manos). Ahora cuando el estado y el gobierno hacen lo que tienen que hacer, necesitan diferenciarse de algún modo. Diferenciarse para Lanata, no es solamente desmarcarse. El que se desmarca queda pegado también. Para poder diferenciarse y vender, para impactar, se necesita ser opositor. El cuentito feliz no vende. Lo que vende es la negación sistemática de la realidad, que hoy más que nunca, no se puede ocultar. Y ahí se van apilando SOLANAS, LANATA, otrora críticos "escandalosos" de los 90, y hoy de espaldas al pueblo: Devenidos en borrosos fantasmas del pasado de sí mismos.

Sin embargo, ellos NO SON EL ENEMIGO, Son apenas excepciones que confirman la regla:

"Combatir el egoísmo no supone una actitud armada frente al vicio,
sino más bien una actitud positiva destinada a fortalecer las virtudes contrarias; a sustituírlo por una amplia y generosa visión ética"
Juan Domingo Perón - "La comunidad organizada"