Escuché a varias personas soprendidas por el resultado adverso del FPV en una determinada localidad en las pasadas elecciones legislativas, teniendo en cuenta que la situación de la población había mejorado muchísimo en los últimos años. Estos comentarios reiterados, me llevaron a escribir lo siguiente:

Existen múltiples indicadores macroeconómicos que dan cuenta de las mejoras generales en la Argentina post 2001. Podríamos tomar indicadores de crecimiento del producto bruto interno, la distribución per capita del producto y ver su evolución en el presente siglo. Podríamos verificar mesetas (aunque no decrecimiento) y estaríamos en presencia de uno de los períodos de mayor crecimiento sostenido, aún mediando la mayor crisis internacional de la que tengamos recuerdo vivo. Enseguida se podría argumentar que el análisis tradicional no dice nada de la distribución de la riqueza hacia el conjunto de la sociedad: el famoso efecto derrame. Sin embargo en ese aspecto, también se ha avanzado mucho: podríamos tomar el coeficiente gini y verificar que efectivamente la distancia entre los segmentos más pobres y más ricos de la sociedad se ha acortado en los últimos seis años. Independientemente de lo profundo del mar desde donde salimos y de todo lo que falta, estamos muy bien comparativamente hablando. Pero entonces...porqué muchos hombres y mujeres de carne y hueso están tan disconformes? donde radica el divorcio entre tantos indicadores positivos y el descontento? De esta pregunta surge la mayoría de los cuestionamientos infundados hacia el INDEC... Y es en ese sentido que comunidades enteras que han mejorado sensible y ostensiblemente su calidad de vida (situación que se puede verificar con objetividad haciendo estudios longitudinales) están disconformes con el gobierno y en general con todas las políticas que sobre su propio bienestar se hagan efectivas. Esta aparente contradicción tiene varias lecturas, pero la más significativa a mi criterio es que las demandas de una sociedad capitalista son crecientes y por lo tanto la ecuación mejora personal = apoyo al modelo que lo hizo posible no funciona. Pero no funciona fundamentalmentalmente debido a que existe una distancia entre los procesos políticos que dan origen al modelo y sus propios destinatarios. En el medio están los medios, las corporaciones y los poderes económicos, pero no es de estos factores de los que me quiero ocupar en estas líneas.

SUPONGAMOS

Para quién vive en un asentamiento, la demanda más urgente es la de tener un techo digno y trabajo genuino. Supongamos que el estado nacional, provincial o lo que sea financie la construcción de viviendas en ese asentamiento imaginario. Supongamos que el jefe de hogar se capacita y trabaja para su propio barrio. Supongamos que una vez satisfechas la demandas básicas (derechos básicos) el habitante del asentamiento logra luego de mucho sacrificio comprarse un auto usado pequeño. Supongamos que luego su próxima demanda es la de pavimento. Supongamos que se pavimenta el barrio. Supongamos que esta familia imaginaria ha conseguido cruzar el umbral de la pobreza y comienza a demandar mayor seguridad ya que uno de sus integrantes a sido objeto de un robo. Supongamos que con mucho esfuerzo este hogar imaginario que originalmente y producto de las políticas neoliberales estaba sumergido, ha logrado tener demandas que ya no tienen que ver con las necesidades básicas, sino con necesidades de cualquier proletariado en un contexto de movilidad social ascendente...Esta historia podría tener como protagonistas a un buen número de hogares argentinos y si de demandas sociales se trata podría no tener final alguno. No está inscripto para nada en la naturaleza humana, sino que es un hecho social: es ineherente al capitalismo.

Concluyamos

Es equivocado pensar que existe una ecuación del tipo

situación al momento de votar - situación inicial = voto oficialista


A mi criterio, la mejor huída de este modo espiralado y clientelar de concebir la política es el intento de recrear los lazos de los ciudadanos con el sistema político. Parte de esto se ha logrado con la reforma recientemente sancionada. Otra parte del camino tiene que ver con universalizar los derechos sociales adquiridos, y en ese sentido se ha avanzado mucho con la asignación recientemente decretada.

Finalmente, no hay que rasgarse las vestiduras porque el que mejora no vote, sino por que el que vote, no sea por la mejora.