La historia de las sociedades está atiborrada de rupturas y continuidades. De ethos de época que sucumben en el devenir de revoluciones y nuevos modos colectivos de concebir la realidad. En la breve historia argentina, hay varios momentos fundacionales. Sin duda alguna, uno de ellos es la emergencia del peronismo. Lo que Cooke llamó “El hecho maldito del país burgués.” Un día como hoy fallecía Eva Perón, o Evita como la llamaba y llamará el pueblo argentino. Ella fue la más fervorosa, y fanáticamente peronista que haya habido por estas pampas y lo seguirá siendo. Acá va mi sincero homenaje.

La primera pregunta es por el azar. Como fue posible qué…


"una mujer superficial, escasa de preparación, vulgar, ajena a los intereses de mi Patria, extraña a los dolores de mi pueblo, indiferente a la justicia social y sin nada serio en la cabeza, me hice de pronto fanática en la lucha por la causa del pueblo y que haciendo mía esa causa me decidí a vivir una vida de incomprensible sacrificio”

Como fue posible que esto ocurriera así y no de otro modo. Evita misma pareciera preguntarse si cualquier otra mujer que hubiera acompañado al General Perón hubiese corrido la misma suerte, es decir, luchar y morir para y por el pueblo. Esta condición de posibilidad cuajó en su vida porque conocía la injusticia de propia mano. Pero no solamente la conocía, sino que fue conciente de ella a la edad de 11 años.

“El tema de los ricos y de los pobres fue, desde entonces, el tema de mis soledades. Creo que nunca lo comenté con otras personas, ni siquiera con mi madre, pero pensaba en él frecuentemente.
Me faltaba sin embargo, todavía, dar un paso más en el camino de mis descubrimientos. Yo sabía que había pobres y que había ricos; y sabía que los pobres eran más que los ricos y estaban en todas partes. Me faltaba conocer todavía la tercera dimensión de la injusticia.  Hasta los once años creí que había pobres como había pasto y que había ricos como había árboles.  Un día oí por primera vez de labios de un hombre de trabajo que había pobres porque los ricos eran demasiados ricos; y aquella revelación me produjo una impresión muy fuerte. Relacioné aquella opinión con todas las cosas que había pensado sobre el tema... y casi de golpe me di cuenta que aquel hombre tenía razón. Más que creerlo por un razonamiento, "sentí", que era verdad.  Por otra parte, ya en aquellos tiempos creía más en lo que decían los pobres que los ricos porque me parecían más sinceros, más francos y también más buenos. Con aquel último paso había llegado a conocer la tercera dimensión de la justicia social.”

Pasaje del problema de la injusticia a la conciencia infantil:

La primera dimensión de la injusticia: hay ricos y pobres
Segunda dimensión: los pobres son muchos, los ricos muy pocos.
Tercera dimensión: los pobres eran más sinceros, más francos y más buenos.

Este pasaje a la “tercera dimensión de la injusticia” como la llama Evita, es en realidad un pensamiento infantil, pero solidificado en el tiempo. La solidaridad de clase es la condición de posibilidad para que se desarrolle en la vida adulta la “Evita Capitana”. La “sensación de asfixia” o “la falta de aire” que le provocaban las injusticias y la comparación con los  saberes innatos, como la especial disposición del espíritu para sentir la belleza”, son auto-explicaciones que giran en torno al porqué de su encarnación en abanderada de los humildes.

Los reyes magos no existen y en las grandes urbes se respira miseria


Evita hace una comparación muy interesante en torno a la desilusión que le provoca a la edad de siete años la constatación de la inexistencia de los reyes magos junto a los relatos paradisíacos en donde se describía a Buenos Aires con la cara de una sola moneda.  Estas desilusiones infantiles son el germen de nuevos modos de percepción acerca de las desigualdades subyacentes de la acumulación capitalista a expensas de los trabajadores.

La solución Argentina para los problemas argentinos

Sus primeras lecturas la llevan a la prensa de izquierda obrera. Esa compañía que le otorgaba la lectura (de acuerdo a su relato) no la satisfizo a partir del tipo de salida propuesta que tenía más que ver con soluciones que no provenían del pueblo argentino, sino de un tipo de orden internacional. Sin embargo, nuevamente Evita comprende junto de esta prensa la necesidad de subvertir el orden establecido a través de una revolución, como único modo de alterar ese sistema de injusticia que le repugnaba y que impulsaba la oligarquía.

La lectura de la prensa que ellos difundían me llevó, eso sí, a la conclusión de que la injusticia social de mi Patria sólo podría ser aniquilada por una revolución; pero me resultaba imposible aceptarla como una revolución internacional venida desde afuera y creada por hombres extraños a nuestra manera de ser y de pensar.”

Uno de las conclusiones que extrae de la prensa obrera es paradojal y muy interesante: la prensa de izquierda le provocó resignación. Dicho con sus palabras: se resignó a ser víctima de la injusticia a partir de esas lecturas.

El “día Maravilloso” de Evita: cuando conoce al general Perón

“Todos, o casi todos, tenemos en la vida un "día maravilloso". Para mí, fue el día en que mi vida coincidió con la vida de Perón..(…) Ahora sé que los hombres se clasifican en dos grupos: uno, grande, infinitamente numeroso, es el de los que afanan por las cosas vulgares y comunes; y que no se mueven sino por caminos conocidos que otros ya han recorrido. Se conforman con alcanzar un éxito. El otro grupo, pequeño, muy pequeño, es el de los hombres que conceden un valor extraordinario a todo aquello que es necesario hacer. Estos no se conforman sino con la gloria. Aspiran ya el aire del siglo siguiente, que ha de cantar sus glorias y viven casi en la eternidad.”

Continuará…