Hay varios planos sociológicos desde donde abordar la cuestión del matrimonio igualitario.

Desde la óptica  del materialismo histórico:
El marxismo otorga al matrimonio como institución burguesa, un claro papel para el sostenimiento del andamiaje del capitalismo. Hay referencias en Engels, y en Lenin acerca de la familia, su origen histórico y proceso. Aunque nada dicen en referencia a la homosexualidad, dado que la perspectiva es de tipo evolutiva y sobre todo orientada a demostrar la relación directa entre monogamia y perpetuación de la propiedad privada, hay algunos pasajes que pueden ser útiles para la cuestión que nos ocupa. Escribe Engels citando a Morgan en su famoso texto “el origen de la familia, la propiedad privada y el estado de 1884”:

“Si se reconoce el hecho de que la familia ha atravesado sucesivamente por cuatro formas y se encuentra en la quinta actualmente, plantéase la cuestión de saber si esta forma puede ser duradera en el futuro. Lo único que puede responderse es que debe progresar a medida que progrese la sociedad, que debe modificarse a medida que la sociedad se modifique; lo mismo que ha sucedido antes. Es producto del sistema social y reflejará su estado de cultura. Habiéndose mejorado la familia monogámica desde los comienzos de la civilización, y de una manera muy notable en los tiempos modernos, lícito es, por lo menos, suponerla capaz de seguir perfeccionándose (…)”

Vemos aquí claramente a la familia como producto del sistema social, es decir, como reflejo de la cultura. Si las sociedades modernas occidentales en donde se han igualado de manera práctica los derechos de género, donde se han reconocido los derechos constitucionales de las minorías religiosas y políticas, exigen reflejar el estadío cultural, no se podría dejar fuera de esa lista a las personas con orientación sexual diversa.

Evidentemente es la iglesia como institución milenaria la que toma la posta para oponerse, y no podría ser de otra manera, ya que este tema da en el núcleo de la retórica y la práctica eclesiástica: la familia como instituto, el matrimonio como construcción uniforme y unívoca.  

Desde una sociología cultural:

El debate acerca del matrimonio igualitario atraviesa de este modo un terreno simbólico en donde algunas  instituciones políticas, religiosas y sociales se arrogan el derecho de interpretar la totalidad de ese sistema social, de caracterizar y hasta encarnar ese reflejo.

Este sería el terreno de lucha de los campos religiosos, políticos y sociales.
Simplemente hablar de la homosexualidad es tener en cuenta tabúes, clichés, prejuicios y estereotipos que circulan con mucha potencia en nuestra sociedad desde hace décadas. Legalizar los derechos de las minorías significa romper con ellos de modo casi definitivo y obviamente, crear una fisura en los sectores conservadores de nuestra sociedad. Referirse a la orientación sexual de modo igualitario conlleva a equiparar derechos de un modo directo. Pero también a legitimar fuertemente modos de relación cuestionadas desde el prejuicio y la intolerancia de una parte (minúscula) de nuestra sociedad.

En contra de todas las formas de Apartheid!
Más allá de la aprobación de esta ley en el congreso argentino es interesante comprender que un cambio cultural viene también de la mano de un compromiso militante en contra de TODAS LAS FORMAS DE DISCRIMINACION, en las acciones cotidianas de todos nosotros a favor de la igualdad de derechos de las minorías y de las mayorías.  Es decir, nos corresponde apoyar esta ley y todas las leyes que aboguen por la igualdad social, objetivo que se construye colectivamente y socialmente como todas las cosas de este mundo.