Comunicación monopólica con emoción violenta




Como la sal de la comida, que cuando es exagerada provoca severos daños en nuestro organismo, el condimento preferido del dispositivo maniobrado por los oligopolios mediáticos es la cuota agregada y elaborada de emoción, de violencia o de terror. “La tv abierta instala – por su propia especificidad- una referencialidad y un estatuto de realidad propios de la potencia del discurso audiovisual. Su capacidad narrativa, su posibilidad de trasmitir en vivo o de reproducir lo vivido con fuerza dramática instalan la temática criminal con mayor impacto. Su narrativa trasmite como rasgo específico del medio la espectacularidad y fragmentación propias del discurso televisivo.” (Lazzaro, 2010)

No es una cuestión de grado solamente sino de atención: mientras nos agregan un kilo de sal a la comida, estamos mirando para otro lado.  Max Otte es un economista alemán que anticipó la crisis financiera global durante el 2007. Su reflexión es interesante: “En la actual sociedad de la desinformación el Homo oeconomicus, ya no puede sopesar las eventuales consecuencias de su comportamiento. La sobreabundancia de información le hace perder la visión de conjunto, las informaciones defectuosas lo llevan a seguir pistas falsas, se le ocultan los riesgos y eventuales efectos colaterales, y la pseudoinformación estadística le hace un borrón en cada cuenta.  Y puede ser aún peor: la maquinaria de desinformación se esfuerza por nublar la comprensión del Homo oeconómicus, por hacerle perder la cabeza y sustituir las reflexiones racionales por montañas rusas emocionales.” (Otte, 2010). El economista es reacio a la información de tipo “emocional” que muestra la televisión. El usuario “racional” necesita información “fría”, carente de emociones que distraen al consumidor de su misión fundamental: la de consumir. Para consumir bien, nos dice Otte, hay que quitar lo emocional del medio. Sopesar la conveniencia económica individual requiere limpiar de sentimientos el medio. La sobreinformación es deudora del consumo. 


Para Castells, el carácter emotivo no está solamente en la imagen sino en el espectador: “Debido a la baja definición de la televisión, los espectadores tienen que llenar los huecos de la imagen, con lo que participan de forma más emocional en lo que están viendo. “(Castells, 2006)  El uso de la esfera emocional apunta a anular la posibilidad de reflexión. El formato condicionaría a la audiencia: “Cómo la comunicación de imágenes no logra ser atractiva – tener gancho- provocando pensamiento, debe impactar en la esfera emocional mediante lo concreto. Por eso no puede extrañar que los servicios de noticias más bien parezcan síntesis de catástrofes, que impresionan pero no dan lugar a reflexión.” (Zaffaroni, 2011). 
La cuota emocional no solo cumple la función de atraer audiencia, sino semejarse a los contextos de desenvolvimiento de la vida cotidiana. Trata de generar una identificación del televidente u oyente con situaciones de su vida acostumbrada. Impone, pues, una cuota de familiaridad al contexto hogareño o laboral, de modo de no generar una distancia abrupta con estilos neutros que a veces no encajan con la situación del espectador. Una noticia “emocional” recibe generalmente mayor interés del público que una noticia “racional”, aunque ésta sea más importante en cuanto a sus efectos sociales. Esto es, una noticia mediática que apele a la pasión, a la intuición o al corazón, echará raíces mucho más rápidamente en la sociedad que un argumento que implique un análisis desapasionado y racional de la situación, y que exija sopesar datos concretos y cuestiones fácticas que han podido o no probarse en la justicia. (Ruiz Núñez et.Al, 2011). 


En contraste, el formato mismo garantiza entonces un efecto adormecedor ante las tragedias de la humanidad: “La frivolidad con la que se presentan muchos asuntos en los medios de comunicación, en especial en la televisión, origina la anestesia de las audiencias sobre las tragedias.” (Serrano, 2009)   
Adormecidos con relación a las tragedias y con el condimento emocional necesario, el volumen de imágenes  ha superado nuestra capacidad de entendimiento o aprehensión de la realidad. No estamos en condiciones de sonsacar intencionalidades veladas. Solo lo estamos para irnos a dormir, es decir, ya estamos sobreinformados dentro del corralito. El efecto que se obtiene a partir de la cuota de tele-espectáculo emocional  de los medios dominantes  lo señalaba Debord hacia 1967:”A medida que la necesidad se encuentra socialmente soñada, el sueño se vuelve necesario. El espectáculo es la pesadilla de la sociedad moderna encadenada, que no expresa finalmente más que su deseo de dormir. El espectáculo es el guardián de ese sopor.” (Debord, 1995)


Un asesinato o el retrato de la guerra ha sido nuestra canción de cuna. Buenas noches corralito!