TELE-PANTALLA

Si un antropólogo llegara de la galaxia de Andrómeda, enviado para estudiar a la gente en la Tierra y se lo soltara sobre EEUU, es probable que el informe que presentaría de vuelta en casa sería algo como esto: “Están sentados noche tras noche en habitaciones oscuras. Miran una luz. Sus ojos no se mueven. No piensan. Sus cerebros están en un estado pasivo/receptivo (medido como “alfa” en aquellos que miran más intensamente) y una serie ininterrumpida de imágenes penetran en sus cerebros, imágenes de algunos lugares donde no están, a miles de kilómetros de distancia. Estas imágenes las envía un grupo muy reducido de personas y su contenido son pasta de dientes, coches, ametralladoras, sangre y gente dando vueltas en traje de baño. Todo este asunto parece una especie de experimento de control mental” (Mander,2004)

Este ejercicio imaginativo de control mental propuesto por Mander está ubicado en los EEUU, pero podría decir “Mundo” en lugar de “EEUU” y todo sigue igual. Algunas cuestiones han cambiado un poco desde que Giovanni Sartori planteara la mutación del HOMO-SAPIENS al HOMO VIDENS, pero lo central sigue presente. La televisión sigue dominando el escenario noticioso. El apogeo de la imagen sigue siendo el ethos de época.  El creciente distanciamiento de tiempo y espacio ha dado paso al no-lugar informativo y al tiempo distorsionado de las noticias. El video- niño que sabe usar un control remoto y una computadora portátil antes que hablar, es el nuevo sujeto enunciado por la pantalla. Junto con la televisión, han crecido enormemente las computadoras en el hogar, como lo demuestran las estadísticas del censo 2010 en Argentina en dónde casi el 50% de los hogares posee al menos una computadora en casa. Sin embargo, las horas dedicadas a la televisión sigue siendo mayor si no tenemos en cuenta las franjas etarias. Esto es debido a que probablemente la mente humana, el nervio humano agotado por su jornada laboral no pueda soportar más que una sucesión liviana de imágenes superpuestas una de las otras. La atención está fija y centrada.

El formato de la cultura de masas que expresa la televisión normaliza los mensajes que emite como una pista de audio a la cual se le serruchan los picos. Esa normalización o filtro se produce debido a que cualquier episodio es asimilable a un entretenimiento. Esta normalización de los mensajes, donde las imágenes atroces de la guerra real pueden ser casi absorbidas como parte de las películas de acción tiene un impacto trascendental: la nivelación de todo contenido dentro del marco de imágenes de cada persona.

Así pues, en tanto tejido simbólico de nuestra vida, la televisión podría tender a funcionar sobre la conciencia y la conducta, como la experiencia real obra sobre los sueños, proporcionando la materia prima con la que obramos. En la llamada era de la globalización con un mundo cada vez más saturado de información, los mensajes más efectivos son los más simples y los más ambivalentes, que dejan lugar para las propias proyecciones de las personas. Las imágenes son las que mejor se adecúan a esa caracterización. La televisión no es un dispositivo electrónico que esté por casualidad en casi todos los hogares de Occidente.
De acuerdo al SNCC (Sistema Nacional de Consumos Culturales), hacia el 2004 la posesión de televisores en la Argentina era del 96,6% de con un promedio de 2,4 aparatos por hogar. De acuerdo a esta investigación, el tiempo dedicado al consumo televisivo (encendido) es de 3,4 hs diarias. Los contenidos televisivos más buscados por entonces eran las noticias. Más la mitad de los entrevistados (52,9%) optaba por los contenidos ligados a las noticias y la información. 

En tanto instrumento de socialización, entretenimiento y proveedor de información,  a la televisión se la llama también como “la pantalla”. ¿Es la televisión una pantalla?¿Qué es una pantalla? ¿Cuáles son sus principales características?. En la Argentina y otros países una pantalla es un tipo de estufa a gas. Se le llama así porque el calor reflectado aumenta a partir del dispositivo y se expande hacia el ambiente. Una pantalla  significa además según la RAE  una lámina que se sujeta delante o alrededor de la luz artificial, para que no moleste a los ojos o para dirigirla hacia donde se quiera. Pantalla también es una especie de mampara que se pone delante de las chimeneas para resguardarse del resplandor de la llama o del exceso del calor. Se le llama pantalla también a una persona o cosa la cual puesta delante de otra oculta o le hace sombra, apariencia falsa que da alguien que quiere impresionar, un instrumento para hacer o hacerse aire y finalmente: persona que, a sabiendas o sin conocerlo, llama hacia sí la atención en tanto que otra hace o logra secretamente una cosa. Todo esto es una pantalla. También la televisión es una pantalla chica, mientras que el cine es una gran pantalla. La televisión comparte con estas definiciones extraídas del diccionario, algunas características del aparato en sí, independientemente de quién lo utilice para trasmitir y de qué trasmita: Su carácter reflectante y amplificador como la pantalla a gas. Con ella es factible iluminar zonas y oscurecer otras. Puede servir para crear falsas apariencias o engaños, sirve para hacer aire (el aire del vivo) y finalmente es un artificio de distracción de otras ocurrencias.

Aparentemente y por mucho tiempo más, la televisión, la prensa escrita y el cine seguirán siendo pantallas refractarias a todo tipo de intercambio. Las nuevas tecnologías como Internet y sus redes sociales, las radios abiertas tenderían a alterar este fenómeno de irreversibilidad en el universo simbólico, fenómenos que se pondrá a consideración de los lectores en capítulos siguientes.  Pero por el momento, la televisión conserva la prerrogativa de masificar a nivel noticioso.  Retomando las acepciones de pantalla en el diccionario, los medios masivos de comunicación nos seguirán dando calor de hogar a la vez que nos muestra las atrocidades; luz artificial mientras revela la oscuridad de la muerte, y seguirá escondiendo lo que nos interesa, detrás de lo que no nos interesa.

“El capitalismo del siglo XXI se expresa en la revolución comunicacional, que es un gigantesco sujeto absoluto que constituye todas nuestras conciencias: nos da imágenes, contenidos, ideas, problemas, temas de debate, dispone la agenda. Nuestras conciencias son conciencias pasivas, reflejas, que discuten lo que quiere que se discuta, que ven lo que quieren que se vea, que piensan lo que quieren que sea pensado (…) La revolución comunicacional reclama la pasividad del receptor. Esa actitud de sentarse a ver, escuchar, ser subyugado por los efectos especiales de las películas de Hollywood, o por la CNN, donde hay un tipo que explica la guerra con un mapa con, flechas. Uno recibe pasivamente eso, la actitud de la conciencia es refleja, condicionada, es una conciencia que absorbe, que no es crítica.” (Feinmann, 2009)