El programa político sin códigos con el televidente


Apago la televisión. Me inunda la sensación de perderme algo. La prendo, pues entonces me sucede lo mismo. La escena se repite una y otra vez. En primer plano, un político o intelectual defensor del establishment se arroga el derecho de hablar de “la sociedad” y de “lo que la gente piensa”. Del otro lado uno o varios periodistas “independientes” preguntan sin preguntar. La re-pregunta acontece cuando el entrevistado no logra trasmitir el espíritu de la posición dominante; cuando en definitiva, no se ha tenido el éxito discursivo suficiente y por lo tanto se lo refuerza volviendo sobre el tema “central”. Paralelamente se invitan otros políticos, personeros de la posición “contraria”, como una suerte de puesta en escena democrática. 

“La censura más lograda es dejar hablar a gente que no dirá más que aquello que se espera que diga, o mejor aún, que no tiene nada para decir. “ (Bourdieu, 2002 ). 

El éxito o fracaso de la emisión consiste en retener a los auspiciantes con el rating necesario, mientras que en apariencia todas las opiniones son respetadas. El veredicto final es prerrogativa del mercado y los negocios, mientras que los verdaderos interesados de los problemas de los que se hablan no participan ni debaten. Se trata de un falso pluralismo. 

Los medios presentan polémicas y debates  que no son reales porque siempre se mantienen en coordenadas que no afectan lo esencial (Serrano, 2009) Sin embargo, lejos de tejer lazos o nexos colectivos estos programas refuerzan un lugar de pasividad asignada por los oligopolios globales a “la gente” y a “los ciudadanos” para que prosigan en sus miserias y descontentos individuales aún en sus triunfos: no proponen ningún cambio en el sentido democrático. Los cabeza-parlantes (talking heads en el lenguaje de Sartori) enfocados (ponchados) en primer plano deben ser incisivos en la forma pero no en el contenido. Deben tener la habilidad y rapidez necesaria como para mantener el suspenso y en el caso en que se llegue al fondo del asunto desviar la atención inmediatamente con una intervención oportuna u otra “pregunta incisiva”. El broche de oro es la opinión “imparcial” de los periodistas que machacan con la idea central de la emisión, que “casualmente” es coincidente con la ideología del medio y la línea editorial para la que trabajan.

La influencia siempre creciente de un campo periodístico sobre un campo político contribuye al debilitamiento de la autonomía del campo político y, al mismo tiempo, de la capacidad otorgada a sus representantes de invocar su competencia de expertos o su autoridad de custodios de los valores colectivos.(Bourdie, 2002). Los políticos tienen que aceptar las condiciones de los medios si quieren aparecer en ellos. Max Otte relata la misma experiencia del formato “tertulia europea”, muy similar a la tipología vernácula que estamos describiendo: “A un participante en una tertulia de una hora le corresponden apenas diez minutos de tiempo para exponer sus pensamientos; si hay más invitados (normalmente son cuatro o cinco) disminuye el tiempo de intervención. Las tertulias supuestamente políticas alientan de hecho el caos de la información. Contribuyen como casi ningún otro formato mediático al embotamiento general mediante tres distorsiones fundamentales de sus tareas periodísticas reales: forma personalizada en lugar de contenido objetivo, brevedad en lugar de profundidad y sometimiento a determinados intereses en lugar de independencia y seriedad.” (Otte, 2010 ) 

En términos generales los medios monopólicos tienden a encuadrar la política: 
“Cada vez en mayor grado, lo que se considera público en las sociedades contemporáneas sucede, más o menos con exclusividad en la pantalla. Por otra parte, lo que acontece en esta, es objeto de lucha para los intereses políticos, incluidos los propios medios, pues la continuidad de su poder e influencia depende, de ese aparecer. Ese aparecer, es una medida del status político: el estatus político se mide de acuerdo a ese patrón. El estatus implica influencia y la influencia, poder.”(Silverstone, 2010 ).

Sin embargo, el subirse a la escena montada en los medios hegemónicos o dominantes es bastante alto para los propios políticos. “El precio que se paga para que un mensaje salga en televisión no es dinero o poder solamente. Es aceptar mezclarse en un texto multisemántico, cuya sintaxis es tremendamente laxa. Así, pues, información y entretenimiento, educación y propaganda, relajación e hipnosis se mezclan en el lenguaje televisivo. Puesto que el contexto de lo que se ve es controlable y conocido por el receptor, todos los mensajes son absorbidos en el medio tranquilizador de las situaciones hogareñas o casi hogareñas. Hay como un personaje de cada político  que se puede separar en dos: el político, su obra, su historia y su programa. El relato televisivo por excelencia los muestra como actores de un film en el cuál dejan de encarnarse a sí mismos para representar el papel que les asigna las corporaciones.” (Bourdieu, 2002). 

En todo debate, generalmente se dicotomizan las posturas, los argumentos y los ejes, debido a la necesidad de economía del discurso propio del lenguaje televisivo. Se invitan, salvo raras excepciones, dos tipos de políticos, dos posturas, dos opiniones. Los que están a favor de tal o cual tema y los que están en contra. Las intervenciones del moderador (el conductor en ese rol) generalmente dan pistas claras hacia dónde se quiere llegar con la emisión. El problema surge cuando eso no se explicita. Cuándo se disfraza de “independencia” y ”neutralidad” las posturas del medio dominante. Eso representa un auténtico engaño para la audiencia. Cómo decíamos anteriormente, en cada debate “dicotomizado” las dos posturas entrarán pronto en contradicción. Cómo en un ring de boxeo, se producirán golpes bajos, chicanas y falacias discursivas. Es probable que uno de los equipos reciba golpes del árbitro y hasta de los sparring del equipo contrario. Sin embargo, los medios cuentan con un encuadre a favor, los videograph o zócalos que refuerzan aún más la idea que se intenta imponer. Los zócalos dan al televidente la primera pauta de abordaje de la cuestión a tratar. Generalmente otorgan mayor información de la que las imágenes pueden brindar. Así, por ejemplo, la imagen de un incendio se sitúa en espacio y lugar cuando en el videograph aparece “Fuego en la reserva ecológica. Hace instantes.”  Los letreros en los reportajes o debates son resúmenes cuya finalidad es la de puntuar y fijar un eje.

El programa Código Político se emite por TN (un canal de cable propiedad del grupo Clarín) y refleja fielmente el interés empresarial e ideológico del grupo. Sus conductores, redactan en el periódico las notas clave que salen en las ediciones del día siguiente.  Estamos en 2011. Se ha elegido como tema de la emisión un “supuesto avance del gobierno sobre los medios”. La escenografía estaba armada llamativamente con un LCD de fondo que intercambiaba los nombres de los conductores (Eduardo Van der Kooy y Julio Blanck con las palabras: “PODER”, “CHICANAS” y “ALIANZAS” y el nombre del programa: “CODIGO POLITICO”. Condensando estas premisas, la escenografía, no es un buen augurio de lo que se piensa acerca de la política o del propio programa: “el poder que se construye a partir de Chicanas y Alianzas”.  


En la presentación del programa, ambos conductores coinciden en que tienen una posición tomada acerca del tema de la emisión: “El nuevo escenario del congreso” y “el supuesto avance o presión del gobierno argentino acerca de los medios de prensa que no le agradan”. Se trataba del debate acerca de una ley de democratizar el acceso al papel para diarios, hasta el momento monopolizado por el mismo multimedio. Es decir, armaban el eje de debate sobre una premisa falsa y argumentaban sobre él. Eso sí, prometían no contaminar la partida de ajedrez con su propia perspectiva. La trampa está tendida. Si el eje del debate se encarama sobre una dudosa premisa, difícilmente se pueda escapar desde la mesa a este fraude. Comienza su exposición el político Martín Sabatella. Un videograph que ocupa un cuarto de pantalla reza la frase “escalada K contra los medios”. Aunque hablen de la composición del congreso, o de cualquier otra cosa, el zocalero o encargado de titular lo que sucede por nosotros, arranca fuera de lugar. Sin embargo, esa frase se mantendrá durante casi una hora ocupando el veinticinco por ciento de la imagen. La promesa inicial de los conductores como era de esperar fue falsa. Cuando se invoca la libertad de expresión, los que quedan fuera de lugar son los conductores. Reproduzco aquí parte de lo expresado en tal sentido:

A la izquierda, con pantalla partida Sabatella. A la derecha, el diputado conservador Pinedo. Cuando hablan los conductores se los enfoca a ellos.
VideoGraph del 25% de pantalla: Escalada “K” contra los medios ¿Está en riesgo la libertad de prensa?
Nuevo VIdeoGRAPH: Escalada “K” contra los medios. Martín Sabatella y Federico Pinedo en Código Político.
Diputado Sabatella: ¿Alguien condiciona tu palabra, tu opinión, la tuya? (le pregunta a los tres que ya argumentan juntos)
Diputado Pinedo: Si.
Conductor Van der Kooy: No. La verdad que no. Pero también es cierto, y uno ha trabajado (E.S.: se refiere a la dictadura sin nombrarla), excepto el período democrático, dónde se pagaba con la vida…, del ’83 para acá es el momento de mayor crispación que hay para trabajar en el periodismo, sin duda.
Sabatella: No. Es un momento de mucho debate político, es un momento donde se volvió al debate de ideas, donde…
Dip.Pinedo: escraches…
Van der Koy: (interrumpe levantando la voz)No es debate político, Sabatella. Es un momento dónde los legisladores o funcionarios oficiales no te atienden el teléfono, no concurren a los programas, no te quieren atender. Eso no es…
Sabatella:  Bueno, esta bien, pueden no tener ganas de atender un teléfono, pueden no tener ganas de venir…
Van der Koy: No no es un problema de ganas, no. Tenemos años en esto.
Sabatella: Esta bien, yo no soy periodista, pero vos no tenés un problema… nadie te condiciona la palabra…
Van del Koy: y que no te den información es condicionarte.
Sabatella: No, bueno, esta bien. Vos podés decir lo que quieras. Todos  podemos decir lo que quiera en este país. Todos podemos decir absolutamente lo que queramos en este país.
Van der Koy: Hasta que un día lo tenés que dejar de decir. Pero es cierto que hoy eso no está restringido .

Este fragmento fue seleccionado por dos motivos, la promesa incumplida de los conductores televisivos y el final, caracterizado por la demostración palpable de que se trataba de un falso pluralismo:

Conductor Julio Black: Hay dos países. Hay descripción de dos países. El tiempo indefectiblemente va a decir quién tenía razón de las dos descripciones. Vamos a seguir hablando de eso acá seguramente. Gracias a los dos. Seguimos en Código Político…

El resultado final del debate, del que se seleccionó un fragmento final, fue una verdadera fantochada . El eje esencial nunca pudo ser tratado por oportunas interrupciones de alguno de los conductores. Sin embargo, todo programa o debate por televisión puede generar grietas. En este caso, la operación política acerca de la falta de libertad de expresión que incluía espacios en diarios, radios y la participación de la SIP (Sociedad Interamericana de prensa) fue desmontada. Lo que premeditadamente se defendía era la libertad de empresa, y no la libertad de expresión como los propios conductores reconocieron directa e indirectamente.<>