TELE-REALIDAD MONOPOLICA


La particularidad de la televisión en tanto dispositivo mediático, por su fugacidad y posibilidad de repercusión masiva, reside en que es un eficaz instrumento de producción de realidad. Hay un alejamiento trascendental entre la experiencia y su retrato, entre la percepción y su relato, finalmente entre lo que se supone buscamos y lo que realmente encontramos ya que “la situación televisiva se encamina hacia terrenos en donde la relación entre el enunciado y los hechos resulta cada vez menos importante, con respecto a la relación entre la verdad del acto de enunciación y la experiencia de recepción por parte del espectador. Se encuentra en crisis la relación de verdad factual sobre la que descansaba la dicotomía entre programas de información y programas de ficción, y esta crisis tiende cada vez más a implicar a la televisión en su conjunto, transformándola de vehículo de hechos (considerado neutral) en aparato para la producción de hechos, es decir, de espejo de la realidad pasa a ser productora de realidad.”  (Eco,1999). 

La relación de verdad de las enunciaciones televisivas se orientan por intereses particulares explícitos, o implícitos. Cuando los grupos de medios de comunicación concentrados tienen posiciones dominantes en el mercado mediático, las verdades relativas de los ciudadanos (ahora devenidos en sujetos mediáticos) podrían pasar a un segundo plano entre miles de informaciones contradictorias o confusas, inacabadas… “¿Qué sabemos de la verdad?¿Hay verdades o al vértigo comunicacional las ahoga? Los sujetos viven abotagados de  de informaciones, pero no tienen una sola verdad. Sus mentes son moldeadas.” (Feinmann,2009) . 

No solo lo telespectadores o consumidores de medios hegemónicos podrían eventualmente hacerse eco de las “verdades reveladas” que se les propone. Aunque resulte un tanto extraño a estas alturas, muchos comunicadores aún tienen una visión bastante ingenua de los medios ya que “consideran que los medios comunican esa realidad tal cuál es. En este sentido utilizan la metáfora del espejo: los medios reflejan la realidad, de aquí que quienes se oponen a los medios sean presentados como negadores de la realidad. El medio sería efectivamente eso, un medio para llegar a la verdad, a lo real, que no produce ningún riesgo de hiato o distorsión. Así, sobran afirmaciones con gesto adusto como: “Aquí está la verdad”, “Todo lo que ud.necesita saber”, “Ud. Ya está informado”, “la realidad en su pantalla”, etc.”(Palma, 2010).     

Una minúscula parte de la realidad, se presenta como totalidad. Pretende ser LA REALIDAD, así, con mayúsculas. Lo representado en televisión se autorepresenta como la realidad, lo que nos dificulta caracterizarla como lo que es: una pantomima, una construcción. Este constructo verosímil, pretende ser a la vez realidad y ficción en donde muchas veces se entremezclan. “Igual que los medios de comunicación gustan de presentarse como el simple reflejo de la realidad en cuanto a su cobertura informativa, cuando opinan o editorializan intentan hacer entender a los ciudadanos que esa opinión o posición ideológica solo es un sólo es un reflejo del sentir mayoritario, un clamor, como suelen señalar con frecuencia. Se trata de un claro ejemplo de cobardía intelectual y de engaño a la audiencia, puesto que no lo anuncian como su propio ideario o propuesta política, sino que intentan hacernos creer que es la propia ciudadanía quién participa de esa posición y demanda acciones sin que existan elementos informativos rigurosos que los sostengan.”(Serrano, 2009).


El interés corporativo se presenta travestido en interés mayoritario. Se trata en definitiva de modalidades de dominación simbólica y cultural. La realidad de los medios es su realidad, y puede o no coincidir con el interés popular y mayoritario. Anibal Fernandez, jefe de gabinete del gobierno de Cristina Fernandez de Kirchner hasta 2011, y actual legislador en la Argentina, es taxativo y concluyente en relación con la realidad de los medios. Nos recuerda que las noticias están fabricadas por personas de carne y hueso:” Los medios, no son la realidad. No la reflejan tal cuál es. Tampoco son su espejo. La actualidad periodística es una construcción. Es el producto final del trabajo de un grupo de profesionales: periodistas, fotógrafos, jefes de redacción, diseñadores, editores, etc. (…) Son empresas, con intereses empresarios y también con intereses políticos. Y lo que hacen es crear una realidad que a ellos les conviene. No importa si mienten, no importa si tergiversan, si falsean si recortan…Lo importante es que la noticia “sirva” a sus fines. A sus negocios. A sus beneficios y a sus ganancias. ‘Qué la verdad no te impida hacer una buena nota’. Dicen que dijo un conocido periodista.” (Fernández, 2011). 

No siempre el contenido del recorte es malintencionado, sino el contexto o ambiente, sutilmente manipulado: “La construcción de la realidad no necesariamente se hace con dolo ni mintiendo y ni siquiera callando: la extensión de la noticia, el impacto de la imagen, el énfasis, la reiteración, todo eso es parte de la construcción.” (Zaffaroni, 2011). Ese clima televisivo se ha construido generalmente con técnicas de edición cinematográficas: música, recreación y compaginación al servicio de un asesinato violento o un robo a mano armada.  

La televisión, en relación con el resto de los medios impresos, radiales o incluso digitales tiene la ventaja del vivo para estos menesteres. Debido al estatuto de realidad propio del dispositivo, muchas telenovelas transmiten su último capítulo, su final, desde un teatro en donde los asistentes tienen la posibilidad de llamar a los actores por el nombre de sus personajes. Los noticieros que pertenecen al grupo productor  promocionan el evento de manera de entremezclarlo con el resto de las noticias. La platea se da el lujo de abuchear al villano de la serie en persona. Ficción y realidad juegan en este tipo de eventos, una competencia cara a cara. Los espectadores, fisgonean una y otra por los solapas de su propia experiencia.”La realidad se invierte, esto es el hecho de que al tropezarnos con objetos y sucesos reales parecieran tener una existencia menos concreta que sus representaciones en los medios.”(Fernandez Pedemonte, 2010) Paradigmático de lo referido por Fernandez Pedemonte son las tragedias en donde a pesar de la cercanía con los lugares del hecho, muchos testigos presenciales acuden a la televisión para resignificar lo que han percibido con sus propios ojos, “just in time” en el lugar mismo del acontecimiento, con el relato televisivo, y sumarse al resto de los testigos mediáticos a la versión que circula por el dispositivo.   

Otra de las características de la tele-realidad es que iguala acontecimientos, como el terremoto de Chile o el partido de Tenis de David Nalbandian. Iguala Personas cómo personajes del jet set, un cantante de ópera o la presidenta de la Nación. Todo dentro del mismo formato, parece tener el mismo peso.

Hemos contextualizado el problema de la confianza rota, tomando en este caso a la televisión como dispositivo paradigmático. La “noticia” tal cual la conocemos a través de los medios de comunicación hegemónicos, se nos presenta a priori como una verdad. Esa verdad a posteriori se revela como una opinión acerca de un suceso, un deseo o en el mejor de los casos un relato cargado de la propia cosmovisión del paradigma conservador dominante. El dispositivo hegemónico emite, refuerza y reproduce determinado sentido común, y enseña, refuerza y reproduce a los futuros comunicadores sociales en las escuelas de periodismo del establisment. El sentido común vende, y lo que hacen estos grupos es vender NOTICIAS. La noticia es una mercancía como el jabón de lavar o una gaseosa. Es importante tenerlo en cuenta, como así también que la construcción del relato noticioso, es decir, este pasaje del “a priori” al “a posteriori” representa todo un trabajo para el lector, televidente u oyente (interesado en escudriñar más allá de sus narices) que debe realizar un “triple play”: primero ver, leer, escuchar, luego tratar de comprender el mensaje y por último asimilar el mecanismo de intermediación, que probablemente tendrá una intención reconocible acerca del objeto sobre el cuál informa. Ese pasaje entre la verdad a priori y a posteriori es el procedimiento que debemos emplear a partir de la confianza rota en el sistema experto que prometía hacer el trabajo por nosotros.