En los últimos cincuenta años las empresas oligopólicas de la comunicación comprendieron muy bien que el mayor negocio posible de la tv. es el episodio de inminente resolución, cuya resolución nunca sea inminente. Este es su clímax televisivo, aunque no necesariamente el de los acorralados televidentes. “Los episodios violentos  con tomas de rehenes se convirtieron en un subgénero  con altos dividendos  en materia de rating  y en muchos casos con altos costos también en vidas humanas.” (Lazzaro, 2010). En ocasiones el grupo mediático influye en las negociaciones con los criminales. En otras es vehículo de falsas informaciones destinadas a los secuestradores. El caso que voy a describir es paradigmático en torno al relato del medio televisivo que busca por su repercusión convertirse en “mediador” de los  conflictos: 

El 17 de septiembre de 1999 en una pequeña localidad de la provincia de Buenos Aires, Villa Ramallo, un grupo de personas intenta robar el tesoro y un testigo presencial llama a la policía. Se produce una toma de rehenes que dura 20 hs. La televisión y la radio como en este caso, hacen su aporte tranquilizador a la audiencia y a los propios protagonistas. Esta conversación salió al aire ese mismo día entre Flora Chávez que era esposa del gerente del banco Nación objeto del intento de asalto y a la vez también una de las rehenes y Chiche Gelblund  que la entrevistaba en vivo y en directo:

Chiche: -Flora, tu marido está tranquilo…
Flora: -queremos estar tranquilos…nos están apuntando…nos están diciendo que nos tranquilicemos
Chiche: -Está bien Flora, pero tranquilízate porque en estos momentos afuera hay trescientos policías…
Flora:-pero ellos lo que ven, sabe lo que pasa que acá está todo acá armado, toda la ventana y todo porque ellos dicen que van a entrar y no quieren que entren… volamos todos!
Chiche: yo te puedo asegurar lo siguiente: NOSOTROS HEMOS HABLADO CON LA POLICIA Y LA POLICIA NO VA A DAR UN SOLO PASO PARA QUE CORRA PELIGRO LA VIDA DE USTEDES ESO TE LO PUEDO ASEGURAR!

El episodio terminó con la vida de dos rehenes (el gerente y el contador del Banco), dos de los delincuentes y Flora Chávez baleada y hospitalizada. Las conversaciones telefónicas con los delincuentes y rehenes no formaban parte de ningún tipo de estrategia consensuada con la policía, ni nada parecido. Eran producto de un acto espontáneo de “cumplimiento del deber de informar” que no colaboró en absolutamente nada. Más bien “llevó una tranquilidad ficticia” a la población, a los rehenes, a todos los que participaban del relato. El rating televisivo y la gran cantidad de oyentes de radio, llevó a colocar este hecho delictivo en el episodio número uno de la atención mediática durante muchos meses . 

. Otro suceso más cercano en el tiempo fue el protagonizado por un grupo de delincuentes que trataron de robar el banco Nación de la localidad de Pilar el 22 de julio de 2010. Uno de los malhechores apodado “el chilenito” , “el cheto” o “Jonathan” hablaba con los medios desde el banco con más de sesenta rehenes de esta manera: 

Guillermo Andino : Hay comunicación telefónica, está hablando uno de los delincuentes…Hola…
Delincuente: Jonathan José Coronel se llama el delincuente
G.A.: Vos quién sos? 
Delincuente: Jonathan José Coronel te estoy diciendo…y decile que quiero que me enfoquen que me miren todas las teles…todas dale! (a los gritos)
G.A.: En estos momentos es sólo una comunicación telefónica, contanos…¿estás sólo? ¿Estás con más gente?
Delincuente: Noo yo tengo una bomba acá, tengo dos pistolas y estoy tomando de rehén a una banda de….está toda la gente acá…
G.A: ¿Cuál es tu objetivo?
Delincuente: Que me enfoquen…así salgo por la televisión y no hay muertos, no hay nada…
G.A.: ¿Fuiste a robar el banco?
Delincuente: Si
G.A.: ¿Sólo?
Delincuente: Si te estoy diciendo…¿qué estás descansando  vos, conmigo?

En un determinado momento se escucha un “aprete” a uno de los rehenes…

Delincuente: ¿Vamos a negociar o no vamos a negociar?
G.A.: mirá yo no soy negociador…yo soy Guillermo Andino

En otro canal, el mismo delincuente “conversaba” amablemente con la reportera profesional: 
Periodista: qué me querés contar del robo? Contame…
Delincuente: Yo quiero que vengan las cámaras y nada más…
Periodista: bueno no te vemos pero estás al aire por Telefé…
Delincuente: bueno, yo quiero que me enfoquen…
Periodista: Pero no tengo cámara pero si estás al aire en Telefé noticias…
Delincuente (a los gritos): te la estoy pidiendo y no me la traen!!! Te estoy pidiendo la cámara y no me las traen…porqué no me las traés!!!
Periodista: Chilenito….
Delincuente (enojado): Chilenito nada! traéme las cámaras y fué…sino activo la bomba y nos morimos toodos…
Periodista: estás al aire, te estamos escuchando…
Delincuente: decíle que vengan y traigan la cámara, sino activo la bomba y fué…
Periodista: yo lo que te quiero contar es que las cámaras están afuera y vos estás saliendo en este momento por la televisión, te estamos escuchando…
Delincuente: Me están viendo? ¿A ver que estoy haciendo?
Periodista: Te estamos escuchando todo lo que decís…
Delincuente: A sí pero no me están viendo, pelotuda!

El episodio termino sin víctimas pero aparentemente el rating de la emisión alcanzó picos muy altos  para todos los noticieros. Los periodistas que deben obrar como improvisados negociadores, suma una cuota importantísima de emoción a la pantalla. Han quedado en evidencia en ambos casos: la difusión televisiva en vivo no ayudó en nada. Al contrario. El riesgo de vidas humanas fue en aumento desde su improvisado rol de auxiliares de la policía. En el trascurso,  ningún auspiciante se quejará por haber aparecido ofreciendo productos en el medio de semejante drama humano catorce o quince veces por hora. Ese “mantener a la audiencia en estado de alerta” es una de los efectos más buscados por los programadores de la televisión privada. El corralito informativo se ha activado. Estamos pues, dentro de él .